Oscuro es, como mancha de panda, mi corazón


Mostrando entradas con la etiqueta educación sentimental. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta educación sentimental. Mostrar todas las entradas

sábado, 8 de noviembre de 2008

FUEGOS

Lo mismo ocurre con un perro, con una pantera o con una cigarra. Leda decía: “Ya no soy libre para suicidarme desde que me he comprado un cisne”.

La muerte es un sacramento del que sólo son dignos los más puros: muchos hombres se deshacen, pero pocos hombres mueren.

No puede construirse una felicidad sino sobre los cimientos de una desesperación. Creo que voy a ponerme a construir.

Que no se acuse a nadie de mi vida.

No soporté bien la felicidad. Falta de costumbre. En tus brazos, lo único que yo podía hacer era morir.

Existe un plan general para el universo. Sólo salimos en los momentos sublimes.

En el avión, cerca de ti, ya no le tengo miedo al peligro. Uno sólo muere cuando está solo.

Existe entre nosotros algo mejor que un amor: una complicidad.


Marguerite Yourcenar
Poeta, novelista e historiadora belga de origen francés nacida en Bruselas en 1903. Fue reconocida mundialmente por la publicación de la novela "Las memorias de Adriano" en 1951, fama consolidada con otras novelas entre las que sobresale "Opus Nigrum" en 1968. En 1980 fue galardonada con la Legión de Honor y nombrada miembro de la Academia Francesa. Falleció en diciembre de 1987.

domingo, 28 de septiembre de 2008

Canción tonta

La niña camina por la playa
en el límite justo de las olas.
El color de su piel toca la espuma.
El caracol aprende sus palabras.

La niña camina por el bosque
con agujas de pino entre los labios.
Pasa un rumor de plumas en silencio.
Una pared de niebla se levanta.

La niña camina por la selva
con los ojos cerrados y las manos abiertas.
En sus dedos hay flores de Inglaterra.
En sus ojos hay tigres de Bengala.

Francisco Hernández
Periódico de Poesía, UAM-UNAM, núm. 1, mayo-junio de 1987

domingo, 24 de agosto de 2008

Adiestramiento

La voz de aquellos que asumen la noche,
marinería de labios oscuros;
la voz de aquellos cuyas palabras corresponden a esa luz donde el amanecer levanta
la primera imagen vencida de la noche.

Ahora cuando la memoria es una calle de mercaderes y héroes muertos,
cuando la noche corta espigas en los cabellos de la joven difunta,
y en las playas el mar se arranca sus dolorosas historias para encender las manos
de las mujeres de los marinos muertos.

Hacia el chillido o espuela de la gaviota,
hacia el color azul que despiden los senos ahogados,
hacia las cuevas que el demente visita,
hacia las mujeres cuya humedad sólo conoce el alba,
va la frase de amor, la mano electrizada que se convierte en sollozo,
van los desprendimientos de la lluvia.

La voz de aquellos que llegan a la oscura verdad de las últimas aguas,
la voz de aquellos que han besado el candor que en los labios deja la muerte,
esa niñez del mundo que recobran los que cierran los ojos,
del mundo y no de ellos, esa niñez atroz y salvaje.

La voz de aquellos donde la madrugada se desprende como una piel hechizada,
la voz de aquellos donde el mar narra la infancia del terror, los primeros palacios de la noche,
los fuegos que el artificio de la imaginación encendió en los primeros náufragos,
la voz de aquellos desesperados y sonrientes.

Ahora esta palabra,
esta palabra inclinada a la noche como un cuerpo desnudo a su alma
o a la desnudez del otro cuerpo.
Ahora esta palabra, esta diferencia casual de la palabra ante sí misma,
esta marca, esta cicatriz en la forma del amor,
en el hueso del sueño, en las frases trazadas al mismo ritmo
con que los hombres antiguos levantaban sus templos y elegían sus armas.

Ahora esta palabra,
cuando la ciudad llena de humo y polvo en el poniente
se levanta de los parques con su aliento de enferma,
cuando las calles abandonadas comen sentadas sus propias yerbas igual que ancianas en aptitud de olvido,
cuando el tranvía del anochecer se detiene atestado en una esquina
y sólo baja una muchacha triste.

Ahora esta palabra,
este juego, esta cresta de gallo, esta respiración inconfundible.

Ahora esta palabra con su resorte de niebla.

José Carlos Becerra nació el 21 de mayo de 1936 en Villahermosa, Tabasco.
La mañana del 29 de mayo, un cable publicado en la tercera página del periódico Excélsior sorprendió con su escueta brutalidad a los amigos de Becerra y sin emabrgo dejó creer a algunos que podía tratarse de otra persona, pues en la nota se mencionaba que "El arquitecto mexicano Carlos Becerra Ramos murió hoy en un accidente de carretera, en las cercanías de San Vito de los Normandos. Tenía 34 años de edad (sic)".

martes, 29 de julio de 2008

Poesía vertical II -55-

Tu ausencia es el borde
de una pared que detiene al viento

y fabrica con él dos largos túneles
de cuyo fondo volverán tus ojos.
Tu ausencia me suelta
una piel imposible,
que sólo viviría
en la temperatura que se fue con tus manos.
Y en cambio me ata
esta piel que me aprieta los tobillos
y me desemboca locamente
en el costado fiel del corazón.

Tu ausencia me hace llover encima mío
el espacio que queda entre la lluvia.


Roberto Juarroz

miércoles, 16 de julio de 2008

Pájaros negros

De la importancia de la sangre en el reconocimiento de ciertas especies



Recuérdame como la peor de las bestias.

Como un asesino que se sentaba a comer contigo

sin haberse lavado las manos.



Recuérdame por un miércoles cualquiera.



No tiene importancia.



Yo te seguiré reconociendo por la sangre







Pájaros negros



Dulces bestias de las cuales he olvidado sus nombres

y que sorprendo a todas horas en todos lados.



Cantad como en el primer día

que su canto dulce como un mango enorme

se pudre pronto en el ambiente y nos recuerda que

no hay nada en mundo que no sea corruptible.







René Morales Hernández (Ocozocoautla de Espinosa, Chiapas, 1981)
Licenciado en Lengua y Literaturas Hispánicas por la Universidad Nacional Autónoma de México.

viernes, 4 de julio de 2008

El último deseo del perro

Queridas mías a quienes amé como santas.

sólo les pido un par de cosas.



Al morir no llamen a un sacerdote

ni dejen que nadie se me acerque

por favor, no embarren mi cuerpo con unciones de rosas.



Simplemente lamed mi cuerpo a la altura de las costillas

y después escupidme en la boca.



Me daré por bien servido.


René Morales Hernández (Ocozocoautla de Espinosa, Chiapas, 1981) es licenciado en Lengua y Literaturas Hispánicas por la Universidad Nacional Autónoma de México.

domingo, 15 de junio de 2008

Tengo pocas cosas

Tengo pocas cosas, todas erradas, débiles:
recuerdos como lloviznas, un apellido que pronto olvidaré,
el corazón lleno de incertidumbres, los ojos heridos por el otoño.


Ayer enterré a mis muertos, cerré sus ojos y besé el hielo de sus frentes.
Y después lloré hasta quedarme sin lágrimas,
solo bajo la luz de una lámpara, rodeado de fantasmas,
sepultado vivo en un mundo que no me ve, no me habla ni me oye.

Carlos Barbarito
Nació en Pergamino, Argentina, el 6 de febrero de 1955.
Su obra comprende libros de poesía y de crítica de artes plásticas.

lunes, 9 de junio de 2008

ASÍ FUNCIONA

Si supieras

lo que pasa por mi cabeza, me amarías.

Si lo dijera, huirías.

Como lo callo, me ignoras.

Sergi Puertas

miércoles, 4 de junio de 2008

LA SENTENCIA

Cayó la palabra de piedra
en mi pecho aún vivo.
No es grave, estaba preparada,
posiblemente me acostumbraré.

Hoy tengo mucho, mucho que hacer:
he de matar la memoria,
volver de piedra el corazón,
he de aprender a vivir de nuevo.

Y si no... El cálido rumor del verano
es una fiesta tras la ventana.
Desde hace un tiempo tenía el presagio:
un día claro y la casa vacía.
Anna Ajmátova
Ana Andreyevna Gorenko cambió su nombre de familia cuando empezó a escribir y tomó de sus ancestros maternos el de Ajmátova, descendientes al parecer del Khan Ajmat, el último príncipe tártaro de la Horda de Oro. Esta fantasía genealógica coincide con el fondo indómito, áspero y apasionado de su temperamento. Pero su formación, como todo poeta ruso, la recibe de Pushkin: esa escuela de sobria alegría, elegancia y humanidad.

Desocupado lector

Cumplo con informar que últimamente todo es herida:
la muchacha
Es herida, el olor, las grandes aves negras, la inmediatez
de lo real y lo irreal tramados en el fulgor de un mismo espejo
gemidor es herida,
el siete, el tres, todo, cualquiera de estos
números de la danza es herida, la barca
del encantamiento con Maimónides al timón es herida, aquel
diciembre 20 que me cortaron de mi madre es herida, el sol
es herida, Nuestro Señor
sentado ahí entre los mendigos con esa túnica irreconocible por el cautiverio del psicoanálisis es herida, el Quijote a secas es herida, el ventarrón
abierto del Golfo contra la roca alta es
herida, serpiente
horadante del Principio, mar
y más mar de un lado a otro. Kierkegaard y más Kierkegaard, taladro
y por añadidura
herida; la preñez en cuanto preñez en la preciosidad de su copa es
herida, el ocio
del viejo río intacto donde duermen inmóviles los mismos peces
velocísimos es herida, la Poesía
grabada a fuego en los microsurcos de mi cerebro de niño es herida,
el hueco
de 1.67 justo en metros de rey es herida, el éxtasis
de estar aquí hablando solo en lo bellísimo de este pensamiento de
nieve es herida
, la evaporación
de la fecha de mármol con el padre adentro
bajo los claveles es herida, el carrusel
pintarrajeado que fluye y fluye como otro río de polvo y otras máscaras
que vi en Pekín colgando en la vieja calle de Cha Ta – Iá
cuya identidad comercial de 2,500 años de droga y ataúdes rientes
no se discute, es herida; la cama en fin
que allí compré, con dos espejos para navegar, es herida,
la perversión de la palabra nadie que sopla desde las galaxias es herida, el Mundo
antes y después de los Urales es herida, la hilera
de líneas sin ocurrencia de esta visión
sin resurrección es herida.
Cumplo entonces con informar que últimamente todo es herida.
Gonzalo Rojas

A CIRCE

¡Circe, diosa venerable! He seguido puntualmente tus avisos. Mas no me hice amarrar al mástil cuando divisamos la isla de las sirenas, porque iba resuelto a perderme. En medio del mar silencioso estaba la pradera fatal. Parecía un cargamento de violetas errante por las aguas.

¡Circe, noble diosa de los hermosos cabellos! Mi destino es cruel. Como iba resuelto a perderme, las sirenas no cantaron para mí.

Julio Torri

miércoles, 28 de mayo de 2008

Grito Prisionero



Bolero de los maestros Gabriel Ruiz y Gabriel Luna de la Fuente compuesto en 1954. Una espectacular interpretacion de Pedro Infante acompañado por un soberbio arreglo orquestal dirigido por el maestro Manuel Esperon. Y claro, por Miroslawa. Esta escena pertenece a la pelicula "escuela de vagabundos.

martes, 27 de mayo de 2008

POEMA RARO

Poema dedicado a pandogro y al lobo que mueve la cola al otro lado del espejo

Conocí a un hombre sin corazón:

Los niños se lo habían arrancado, decían,
Y dado a un lobo hambriento
Que lo cogió y huyó.
Y huyeron los niños, su amo también,
Muy lejos huyó la bestia,
Y tras ella, original persecución,
El hombre sin corazón seguía titubeando.


Conocí a este hombre el otro día
Paseando un orgullo grotesco.
Su corazón restaurado, su semblante alegre,

El dócil lobo a su lado.

Malcom Lowry
De Poemas, editado por Visor.
Traducción de Mariano Antolín Rato

viernes, 11 de abril de 2008

¿recuerdas?

¿recuerdas?
decías de la tristeza del agua de las fuentes
decías
ese chorro que sube
y baja
que recorre
siempre
el mismo camino
no es agua salvaje
no corre con ritmo propio
es agua domesticada
decías
¿recuerdas?
agua coartada
por la mano del hombrey te sentabas
apesumbrado
delante de la fuente del Franz Mayer
ahí
en el centro
te sentabas
triste
sentías
quizás
la tristeza de esa agua
empobrecida
minimizada en su fuerza
quizás
previas nuestras propias ataduras
quizás
querías
hubieras querido
romper el molde
dejar correr el agua
quizás
tenías
en el fondo
un miedo ancestral
aquel que señala
aquel que dice
que todo debe encontrar su cause

Tania Favela
Poema publicado en el número 14, Invierno de la revista Textofilia.

miércoles, 9 de abril de 2008

Ciudades sutiles

Armilla es así por incompleta o por haber sido demolida, sí hay detrás un hechizo o sólo un capricho, lo ignoro. El hecho es que no tiene paredes, ni techos, ni pavimentos; no tiene nada que la haga parecer una cuidad, excepto las tuberías del agua que suben verticales donde deberían estar las casas y se ramifican donde deberían estar los pisos: una selva de tubos que termina en grifos, duchas, sifones, rebosaderos. Se destaca contra el cielo la blancura de algún lavabo o bañera u otro artefacto, como frutos tardíos que han quedado colgados de las ramas. Se diría que los fontaneros terminaron su trabajo y se fueron antes de que llegaran los albañiles; o bien que sus instalaciones indestructibles han resistido a una catástrofe, terremoto o corrosión de termitas.

Abandonada antes o después de haber sido habitada, no se puede decir que Armilla este desierta. A cualquier hora, alzando los ojos entre las tuberías no es raro entrever una o varias mujeres jóvenes, espigadas, no de mucha estatura que retozan en las bañeras, se arquean bajo las duchas suspendidas sobre el vacío , hacen abluciones, o se secan , o de perfuman o se peinan los largos cabellos delante del espejo. En el sol brillan los hilos de agua que se proyectan en abanico desde las duchas, los chorros de los grifos, los surtidores, las salpicaduras, la espuma de las esponjas.
La expoliación a que he llegado es esta: ninfas y náyades han quedado dueñas de los cursos de agua canalizados en las tuberías de Armilla. Habituadas a remontar las venas subterráneas, les ha sido fácil avanzar en su nuevo reino acuático, manar de fuentes multiplicadas, encontrar nuevos espejos, nuevos juegos, nuevos modos de gozar el agua. Puede ser que su invasión haya expulsado a los hombres, o puede ser que Amilla haya sido construida por los hombres como un presente motivo para congraciarse con las ninfas ofendidas por la manumisión de las aguas. En todo caso esas mujercitas parecen contentas: por la mañana se las oye cantar.
Las ciudades invisibles.
(fragmento)
Italo Calvino.

viernes, 21 de marzo de 2008

La pareja y su tiempo basura

Nuestra pareja, se supone, es la persona a quien más amamos. O, en todo caso, aquel ser que nos soporta con mayor intensidad y al que con mayor asiduidad nos acogemos. Los padres o los hijos forman un coro de presencia vital más o menos variable pero la pareja constituye por antonomasia, y tal como se la llama, "mi vida". Esta "vida", sin embargo, está dejando mucho que desear y no sólo porque el personaje vaya estropeándose con el paso del tiempo sino porque diaria y sistemáticamente se la perjudica con los vigentes modos de vida.

Como consecuencia del programa general de trabajo y descanso, la pareja sólo se reencuentra durante el periodo del día en el que peor se halla, física y psíquicamente, cada uno. Los amantes se despiden por la mañana con un somero adiós y se reúnen al término de la jornada con las fuerzas disminuidas, cargados de posibles reveses laborales y problemas irresueltos, más proclives entonces al descanso, el silencio y el olvido, que al bullicio de los niños y, sobre todo, a sumar las dificultades y conflictos del otro que acude, a su vez, rebozado de fatigas cuando no salpicado de malos humores. ¿Cómo no pronosticar que se generen roces o que sea indispensable una dosis suplementaria de paciencia, cariño y equilibrio, extraída desde los fondos, para proteger la relación?
En estas circunstancias, duras y repetidas, el amor va y viene, flota o decae sin que llegue a saberse si en otras condiciones habría mejorado sustancialmente su evolución. El actual periodo de duración de las uniones ha descendido a una media de siete años y la tendencia discurre hacia un incesante recorte de los plazos. Uno y otro sujeto de la relación se carbonizan en un fogón que no depende tanto de su ilusión cambiante -aunque también- como de la dificultad para asumir comunitariamente dos vidas en unas malísimas condiciones. Porque, de hecho, el tiempo efectivo en que esta comunidad podría construirse y reforzarse coincide casi siempre con un tiempo basura, las horas de un día desgastado y donde tanto la pasión como la atención y el ánimo perviven demediados.
¿Cómo asistir, por ejemplo, apropiadamente a la adversidad del otro si las propias capacidades se encuentran entonces, a esa hora, reclamando asistencia? La importante coalición de pareja, en cuanto base amorosa y defensiva frente al exterior, se cuartea inexorablemente con el fracaso del imposible auxilio mutuo durante esos penosos restos del día.
Restos de mala calidad o de escasa sustancia que cotidianamente intercambian los personajes del amor y por cuyo lamentable trasiego el amor pierde en elasticidad, imaginación y envergadura. Amarse, como ser feliz, requiere trabajo, aplicación y disciplina puesto que la vida a dos constituye uno de los más complejos empeños si se aspira a gozar de ella. Se trata, en fin, de un oficio -como decían las madres- tanto o más arduo que el cargo laboral y tanto o más necesitado de dedicación, voluntad, inteligencia, reflexión y astucia.
Amarse a granel desemboca siempre en un amor de bajo precio, amor que necesariamente va saldándose. Amarse, en cambio, al detalle, minuciosamente, recíprocamente y en alerta respecto al argumento del otro, exige tiempo de primera clase. Pero el orden de la producción, la repartición de tareas domésticas, el programa general de vida, se acercan hoy más a un proyecto de destrucción y sustitución del amor que a su refuerzo. Al fondo del día, como en el cuarto trastero de la jornada se desarrolla la vida particular de la pareja. Pero, ¿cuánto más podrá sobrevivir esa biología en las infames condiciones del medio? ¿Cuánto tiempo seguirá respirando amor en ese pequeño recinto donde se concentran los tóxicos del día?
Efectivamente no será tanto el otro de la relación que ha llegado a decepcionarnos como que ha dejado de "servirnos". Ha dejado de ser "funcional" para socorrernos, entendernos, amarnos formar complicidad, pero, en buena medida, porque sus recursos, sus deseos y hasta su carácter han sido absorbidos por otras fuerzas. La pareja aparece así como un subterfugio en un escaso paraje. El paraje gastado de cada día donde ya será difícil actuar creativamente y cuyo ámbito residual será depósito del dolor o donde se vierten especialmente los desechos.

VICENTE VERDÚ

martes, 18 de marzo de 2008

Mi manera de amarte es sencilla

AMOR

Mi manera de amarte es sencilla:
te aprieto a mí
como si hubiera un poco de justicia en mi corazón
y yo te la pudiese dar con el cuerpo.


Cuando revuelvo tus cabellos
algo hermoso se forma entre mis manos.


Y casi no sé más. Yo sólo aspiro
a estar contigo en paz y a estar en paz
con un deber desconocido
que a veces pesa también en mi corazón.


Antonio Gamoneda

martes, 4 de marzo de 2008